De víctima a protagonista: El arte de recuperar tu poder.

Dejar de ser víctima

Cuando sufrimos un daño y nos sentimos lastimados por la acción de otra persona, nace en nosotros una sensación profundamente desagradable. La sensación de ser una “víctima” se caracteriza, primeramente, por una sensación de pérdida de poder y de confianza en mismo, seguido de una intensa sensación de rabia y deseo de venganza. Lo que caracteriza el sentimiento de víctima es que podemos identificar a otra persona como culpable y responsable del dolor que estamos sintiendo.

Desgraciadamente, esta postura de víctima tiene el efecto extremadamente negativo de volver a colocar mi poder en las manos de la misma persona que me hizo daño. En efecto, cuando sufrimos una injusticia se crea una necesidad o de venganza o de reparación. En el primer caso, creemos que encontraremos la paz al ver a la otra persona sufrir y, en el segundo caso, creemos que la encontraremos si la otra persona reconoce su culpa, pide perdón y/o realice algún tipo de acto de reparación.

Antes de comprender los detalles de lo que implica la postura de víctima, es importante aclarar que en este artículo no vamos a discutir si existen víctimas o no. Basta con ver lo que acontece en el mundo y lo que pasó en la historia para darse cuenta de que la historia humana está llena de injusticias, opresiones, guerras, muertes innecesarias, etc.

Durante siglos, ha sido muy difícil para ciertos colectivos poder hacer ver y legitimar el sufrimiento y la opresión que estaban viviendo. Y hoy en día vivimos un momento importante donde, por fin, se pueden exponer muchas de esas opresiones.

Sin embargo, el punto central de este artículo es explicarte por qué y para qué es importante, diría incluso primordial, que salgas de tu postura de víctima y que puedas recuperar la libertad de disfrutar de la vida, de gozar y de ser tu mism@.

Aquí te comparto los 8 puntos claves para comprender por qué y cómo liberarte de esta sensación de víctima:

1. Identificarse con la parte poderosa de mí mism@:

La realidad es que, mientras me identifico con mi herida y mi sensación de víctima, pierdo el poder de actuar con libertad. Estoy inexorablemente conectado a una necesidad de visibilidad, venganza y reparación. Una víctima reclama reconocimiento. Reconocer el daño vivido, pedir reconocimiento externo de este daño e incluso pedir reparación son etapas casi imprescindibles para todos los que nos hemos sentido abusados.

¿Pero qué pasa si al final no puedo vengarme o el otro nunca repara el daño que me ha generado? Pues es simple: sigo encerrado en mi dolor y no puedo avanzar.

2. Diferencia entre culpa y responsabilidad:

La culpa designa el gesto que origina la sensación de víctima. La responsabilidad es la capacidad de mirar hacia el futuro y empoderarme para poder sanar y dejar atrás mi dolor. Esto se realiza a través de un proceso terapéutico (acompañado o no) donde voy a aceptar, sentir y transmutar las emociones asociadas con el evento en cuestión.

3. Responsabilizarse de su dolor:

A menudo la injusticia no se repara y sigo sufriendo, de ahí la urgencia de encontrar otra manera de gestionar la sensación de víctima. La palabra clave para poder hacer este proceso es: Responsabilidad. Debo aceptar el hecho de que yo soy la única persona que podrá apaciguar mi sensación interna; en este sentido se habla de responsabilidad.

4. Aprender a relativizar:

A veces somos víctimas claras de una opresión clara y, muchas veces, simplemente se trata de nuestro ego que está siendo herido y tocado. Aprender a relativizar cuando no estoy siendo realmente una víctima, pero me estoy sintiendo víctima, es sumamente importante. La sensación de víctima no siempre aparece cuando he sido víctima de un hecho reprensible y claramente abusivo. A veces surge en pequeños gestos de lo cotidiano que vienen a despertar un dolor relacionado con alguna herida que llevo en mi interior, a menudo desde la infancia.

5. Dejarme ayudar sin buscar un salvador:

Una característica del estado de víctima es que buscamos que otros nos hagan justicia y se ocupen de nosotros. Es importante aceptar y pedir ayuda para poder gestionar nuestro dolor, pero no debemos olvidar nunca que NADIE, jamás, podrá quitarnos ese dolor. La única salida a esta sensación está en tomar la plena responsabilidad de este último. Apoyándome en otr@s, sin caer nunca en la postura de que otr@s me liberen de ello de manera “mágica”.

6. Soltar el estatuto de víctima y sus ventajas:

En la actualidad, ser víctima de algo o de alguien aporta beneficios. Puede sonar raro, pero hay que comprender cómo funciona la psicología humana. Mientras soy víctima, puedo no responsabilizarme de mi dolor y de mi vida de manera legítima. Suele ser más frecuente de lo que pensamos que inconscientemente no queramos soltar o sanar nuestro dolor porque implica renunciar a la atención, el amor, la comprensión y el cariño que nos proporcionan el estatuto de víctima. Este es uno de los dramas más grandes que habitan en las personas que se sienten víctimas, porque esta sensación termina convirtiéndose en su identidad y en una manera de “captar” amor y atención y, a la vez, justificar sus bloqueos internos.

7. Enfocar su atención en su sanación y no en la reparación:

Como lo vimos, es posible que la persona culpable de mi sensación de dolor no pueda o no quiera nunca reparar el daño que sufrimos. De ahí la necesidad de realizar el esfuerzo (a veces muy difícil) de soltar esa necesidad y enfocar toda su atención en su proceso de sanación.

Para terminar este artículo, me gustaría proponerte una pequeñita guía para que puedas ayudar a alguien que haya sido víctima de una injusticia o que esté simplemente viviendo una sensación de víctima:

  • Validar su sentir y ayudarle a expresarlo, es decir, RECONOCER su derecho a sentir lo que siente.
  • Sostenerlo en sus emociones y ser un puerto seguro donde la persona pueda “vivir sus emociones”.
  • Proponerle ayuda profesional y terapéutica enfocada a la responsabilidad y el empoderamiento.
  • Apoyarle en sus intentos de “salir” de esta postura y estar presente en los momentos de “recaída”.
  • Y para terminar, AMAR, amar sin límites y sin condiciones.

En conclusión, salir del estado de víctima es el regalo más potente que puedes ofrecerte. No significa perdonar al otro, no significa olvidar. Significa liberar tu corazón del dolor y perdonarte a ti por haberlo sostenido tanto tiempo.

Al final, ¿qué prefieres: tener razón y sufrir, o vivir libre de este dolor y seguir avanzando?
Eres mucho mas que una víctima y es tiempo de avanzar, con responsabilidad hacia una nueva vida.

Diego Fernandez Gayo (escrito sin IA)

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